Me senté, agradecida porque había asientos desocupados (sin querer demostrarlo). Tranquila, pienso. Avanza y yo también, acercándome a mi destino cada vez más. Comienzo a sentir mi aburrimiento, no quería seguir mirando afuera, tampoco adentro, tenía que leer, eso es, pensé. Abrí mi bolso, busqué en él un libro que llevaba, el cual comienzo a leer lentamente por mi cansancio acumulado. Unos instantes después siento que mis ojos quieren descansar, mi cabeza me dice:” sí… cierra los ojos, pero cuidado no te quedes dormida”. Lentamente como cayendo desmayada se cierran mis ojos. Dormitaba. Escucho el motor, la gente como se levanta para llegar cerca de la puerta y entonces hacer sonar un timbre anunciando al chofer su bajada. De pronto se para alguien más próximo a mi lugar de tranquilidad, abro los ojos repentinamente. Preguntándome rápidamente entonces, ¿me habrá observado mientras dormitaba? Dejo de lado aquella pregunta en mi cabeza, para dar inicio a pensamientos. Es lindo, una mirada profunda, intensa, quisiera conocerlo. Tiene lo suyo. Me percato entonces que me divisa en su mirada rápidamente, miro afuera. Nuevamente lo observo y me miró, ups! contacto visual. Aguanta, no bajes la mirada pienso, lo logro. Es nerviosismo lo que siento ahora, me tengo que bajar y mi preocupación por la súper bajada. No puedo dar a conocer mi nerviosismo, menos a él. Me levanto como una señorita, una vez en frente de la puerta haciendo notar mi delicadeza. Una vez en tierra volteo, no por mirarlo, debo cruzar este río, (un río, pero en parte, pues no lleva agua, sino autos). Pienso en las probabilidades de volver a cruzar mi camino con él.
En mi mano un chocolate...me encantan. Hay silencio, la gente calmadamente camina. Y yo no pienso… momento muerto, y es ahí cuando levanto la mirada, dirigiendo mis ojos a mi izquierda en el interior del vagón, en una esquina de éste, estaba él. Sus ojos, esa mirada misteriosa... Me atrapa su mirada y me reconoce. Me recuerda. Su expresión lo revela. Rayos se cierran las puertas rápidamente y se va, con él.
Primera vez, en el bus y luego en el metro, ¿dónde se situará la próxima vez?
Preguntándome en donde lo volveré a ver… Relato de Dulce Trinité.
miércoles, 9 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario