viernes, 11 de julio de 2008

Cotidianidad

Luego de un rato de estar observando a las personas en las filas del banco, me di cuenta que algunas de ellas estaban mirando hacia un punto fijo, otras en cambio a la nada y otras observaban a los demás al igual que yo. Supuse que algunos pensaban en ciertos hechos de la vida, otros pensaban en lo que tendrían que hacer después del banco y los demás estaban perdidos en su mundo. En aquel momento aparece la ejecutiva que esperaba. Ella me hizo pasar a su oficina donde hablamos un buen rato. Luego de ello, me solicita disimuladamente que haga como que saldría conmigo, para así no almorzar con su jefe, lo malo es que cuando le fue a decir a su jefe que comería conmigo, él le pide si puede almorzar con nosotras. Ella acepta, pues no se atreve a decirle que no. Terminada las conversación con su jefe ella se acerca a informarnos que él nos acompañaría.

A veces de evitar ciertos hechos y los cubrimos con mentiras, pero al final se revierte la situación y no logramos nuestros objetivos. Y peor aun, podemos salir más perjudicados.


Dulce Trinité.

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